El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es una condición neurobiológica del desarrollo que se caracteriza por patrones persistentes de falta de atención, impulsividad e hiperactividad. Aunque suele diagnosticarse en la infancia, muchos adolescentes y adultos también conviven con él.
Comprender cómo se manifiesta esta condición y saber cómo acompañar a quienes lo presentan es clave para favorecer su bienestar, su aprendizaje y su inclusión en distintos ámbitos. En este artículo te hablamos de 7 señales frecuentes del TDAH y te ofrecemos consejos prácticos para acompañar a quienes lo experimentan en distintos contextos.
1. Dificultad para mantener la atención
Una de las señales más habituales del TDAH es la dificultad para concentrarse durante periodos prolongados, especialmente en tareas que no resultan motivadoras o que requieren un esfuerzo mental sostenido. La persona puede distraerse fácilmente con estímulos externos o con sus propios pensamientos.
Esto no implica falta de interés o de capacidad, sino una dificultad real para regular la atención. En contextos educativos o laborales, puede traducirse en tareas inacabadas, errores por descuido o problemas para seguir explicaciones largas.
2. Olvidos frecuentes y pérdida de objetos
Las personas con TDAH suelen experimentar olvidos habituales: citas, fechas importantes, material necesario o incluso tareas que tenían previstas. También es común la pérdida frecuente de objetos personales como llaves, móvil o documentos.
Estos olvidos están relacionados con dificultades en la memoria de trabajo y la organización, y no con falta de responsabilidad. Sin apoyo adecuado, pueden generar frustración tanto en la persona como en su entorno.
3. Impulsividad
La impulsividad se manifiesta como dificultad para pensar antes de actuar o hablar. Puede implicar interrumpir conversaciones, responder de forma precipitada o tomar decisiones sin valorar todas las consecuencias.
En algunos casos, esta impulsividad puede afectar a las relaciones sociales, ya que la persona puede parecer impaciente o poco considerada, cuando en realidad se trata de una dificultad para autorregularse.
4. Hiperactividad
Aunque no todas las personas con TDAH presentan hiperactividad, en muchos casos, especialmente en la infancia, se observa una necesidad constante de movimiento. Esto puede incluir levantarse con frecuencia, moverse en exceso o manipular objetos.
En adolescentes y adultos, la hiperactividad puede manifestarse de forma más interna, como sensación de inquietud constante o dificultad para relajarse.
5. Dificultades en la organización y gestión del tiempo
Planificar tareas, priorizar actividades o gestionar el tiempo de forma eficaz puede resultar especialmente complicado. Esto puede llevar a retrasos, acumulación de tareas o sensación de desbordamiento.
Cuando no existen rutinas claras o apoyos externos, estas dificultades suelen intensificarse, por lo que disponer de herramientas organizativas resulta clave para facilitar el día a día y reducir la sensación de estrés.
6. Dificultad para seguir instrucciones largas
Las instrucciones extensas o con muchos pasos pueden resultar difíciles de procesar. La persona puede perderse a mitad de la explicación o no recordar todos los pasos necesarios para completar una tarea.
Por este motivo, es recomendable ofrecer indicaciones claras, breves y, si es posible, por escrito o con apoyos visuales que faciliten la comprensión.
7. Baja tolerancia a la frustración
Muchas personas con TDAH presentan una mayor sensibilidad emocional y una baja tolerancia a la frustración. Los errores, las esperas o las tareas difíciles pueden generar enfado, ansiedad o desmotivación.
Reconocer esta dificultad y ofrecer un acompañamiento emocional adecuado es clave para evitar el abandono de tareas y reforzar la autoestima.
Cómo trabajar y acompañar a personas con TDAH
Acompañar a personas con TDAH implica comprender sus dificultades y adaptar el entorno para facilitar la atención, la organización y el bienestar emocional. Estas pautas pueden aplicarse en contextos educativos, sociales y laborales.
- Establecer rutinas claras: Contar con horarios definidos y una estructura predecible ayuda a reducir la desorganización y la ansiedad. Las rutinas facilitan la anticipación de tareas y mejoran la gestión del tiempo.
- Dividir las tareas en pasos pequeños: Las tareas largas pueden resultar abrumadoras. Fragmentarlas en pasos sencillos y concretos facilita el inicio de la actividad y aumenta la sensación de control y logro.
- Utilizar apoyos visuales: Listas, agendas, calendarios o recordatorios visuales ayudan a reforzar la memoria y la organización. Estos apoyos permiten que la información esté siempre accesible y reducen la carga mental.
- Mantener una comunicación clara y empática: Es importante ofrecer instrucciones breves y directas, evitando explicaciones excesivamente largas.
- Reforzar el esfuerzo y los avances: Reconocer el esfuerzo, incluso cuando el resultado no es perfecto, mejora la motivación y la autoestima. El refuerzo positivo contribuye a mantener la implicación en las tareas.
- Adaptar el entorno cuando sea necesario: Reducir distracciones, permitir descansos o flexibilizar ciertas normas puede mejorar la concentración. Estos ajustes facilitan el rendimiento sin generar sobrecarga.
El TDAH puede manifestarse de formas muy distintas en cada persona. Reconocer sus señales y saber cómo acompañar adecuadamente ayuda a crear entornos más inclusivos y adaptados, favoreciendo su bienestar y desarrollo en los distintos ámbitos de la vida.